Me conociste pura, sin maldad, sin terquedad... Bueno, terquedad un poco, sí
Mi cuento favorito es escucharte relatar el primer encuentro,
Ruborizada, dijiste, con el cabello desordenado como mi vida, largo, castaño, con ese tipo de cigarro que ahora odio entre mis dedos, con ese olor que ya no puedo... Me viste, como parte de mi cuerpo aquella cámara que tenía por todo sitio, con los labios rojos tintos, tomando cerveza mientras me brillaban los ojos, esos ojos de una niña que sueña, alza la voz, esa que te dice que logrará esto y aquello, esa niña que tenía apenas un tatuaje, la que parecía perdida pero estaba más en la Tierra que otros. Y te enamoraste, te enamoraste y te encargaste de sanar todo lo que no habías roto.
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